París quiso ser esta vieja dama
del
océano mar en la otra orilla,
y
aunque se fundara en nombre de Castilla
enclave
de la Europa se reclama.
Tiene su arquitectura justa fama
y
a la mesura su urbanismo humilla;
de
sus grandes vías es maravilla
esa
magnitud que al asombro inflama.
Mas refleja su rostro los reveses
que
el destino le inflige hace años,
de
boludez objeto y de ultraje.
Quisieran sus modales ser corteses,
aunque
a veces se troquen en huraños
por
la senda infeliz de su linaje.
Su orgullo, al fin, preserva su
elegancia,
pese
a la vileza y la mangancia.






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