A pesar de la penas y el olvido
con
que el fatum, tenaz, la mortifica,
jamás
de su esencia ella abdica,
de aquello
que le otorga su sentido.
Es su genio locuaz y extravertido;
su
alma, a un tiempo estoica y sibarita,
el
deleite de la amistad vindica
y
anima a la tertulia su libido.
El viejo café, el tango en el boliche,
nostalgia
de Gardel, bacano asado,
la
pizza, el fútbol, los libros, el teatro.
Y Borges y Cortázar, un afiche
de
Evita o de Mafalda, y el helado
de
dulce de leche que idolatro.
El viajero formal, y el atorrante,
una
ciudad hallará culta y amante.







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