viernes, 18 de julio de 2014

SANTIAGO DE COMPOSTELA. ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA



        Último confín de todos los confines,
noble rumbo de todos los caminos,
ingrávido solaz de peregrinos,
jardín inabarcable de jazmines.

        En cien iglesias, pétreos querubines
tañen zampoñas, sones argentinos;
tras vidrios de reflejos ambarinos
suenan armonios, arpas, clavecines.

        Durante más de mil años, Europa
lo buscó como símbolo precioso
de un impulso común de convivencia.

        Terrena y celestial, su senda arropa
un humano torrente caudaloso
que persigue su luz y transparencia.



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