martes, 26 de enero de 2016

LERMA. EL CAPRICHO DEL DUQUE



        La mole enorme del ducal palacio,
símbolo de ambiciones cortesanas,
emerge en las estepas castellanas
y arrogante avasalla aquel espacio.

        Se acerca con el brillo del topacio,
exhibiendo sus cientos de ventanas
al ritmo del tañer de las campanas,
moroso y sosegado, muy despacio.

        Se abrió una plaza ante él inmensa,
se fundaron conventos a su amparo
que oraran por el alma del privado.

        Y así quedó la población suspensa,
cuando el duque dejó de ser preclaro
y se dio su poder por acabado.

        Ahora se solazan los turistas
en sus vastas estancias clasicistas.



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